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27

agosto

La hemorragia puede ocurrir en cualquier sitio a lo largo del tubo digestivo (gastrointestinal) desde la boca hasta el ano. Se manifiesta como sangre en las heces o en los vómitos, o puede no evidenciarse (sangre oculta) y detectarse solamente mediante pruebas diagnósticas. La hemorragia en cualquier punto del tracto gastrointestinal puede ser de mayor gravedad si existe además un trastorno de la coagulación.

Síntomas

Los síntomas posibles incluyen vómitos de sangre (hematemesis), evacuación de heces de coloración negra alquitranada (melena) y pérdida evidente de sangre por el recto (hematoquecia). Las heces de color negro alquitranado son el resultado de una hemorragia en la parte alta del tubo digestivo (por ejemplo, en el estómago o en el duodeno; el color negro se debe a la exposición de la sangre al ácido gástrico y a su digestión por las bacterias durante varias horas antes de abandonar el cuerpo). Alrededor de 60 mililitros de sangre pueden producir heces alquitranadas. Un episodio de hemorragia intensa y única puede producir heces alquitranadas durante una semana, por lo que la evacuación continuada de heces con estas características no indica necesariamente una hemorragia persistente.

Las personas con hemorragias de larga evolución pueden tener síntomas de anemia, como cansarse con facilidad, palidez anormal, dolor en el pecho y mareo. En personas que no presentan estos síntomas, se puede detectar una disminución importante de la presión arterial cuando se incorporan.

Los síntomas que indican una pérdida de sangre importante son un pulso acelerado, una presión arterial baja y una disminución de la cantidad de orina. El paciente puede tener las manos y los pies fríos y húmedos. La reducción del aporte de sangre al cerebro causada por la pérdida de ésta puede ocasionar confusión, desorientación, somnolencia e incluso shock.

Diagnóstico

Después de una hemorragia importante, la medición del hematócrito (un tipo de análisis de sangre) generalmente muestra una baja concentración de glóbulos rojos. El conocimiento de los síntomas responsables de un episodio de hemorragia puede ayudar al médico a determinar la causa del mismo. El dolor abdominal que se alivia con la comida o con antiácidos sugiere una úlcera péptica; sin embargo, las hemorragias de las úlceras a menudo no se acompañan de dolor. Los fármacos que pueden dañar el revestimiento gástrico, como la aspirina, pueden causar hemorragias en el estómago, con aparición de sangre en las heces.

Una persona con una hemorragia gastrointestinal, que haya perdido el apetito y que pierda peso sin razones aparentes, es examinada con el fin de detectar la presencia de un cáncer. Así mismo, si alguien presenta dificultades para tragar, debe ser examinado en busca de un cáncer de esófago o un estrechamiento del mismo. Los vómitos y las arcadas intensas antes de una hemorragia sugieren un desgarro en el esófago, pero cerca de la mitad de las personas con esta lesión no vomita con antelación. El estreñimiento o la diarrea junto con la hemorragia o la presencia de sangre oculta en las heces pueden ser consecuencia de un cáncer o de un pólipo en la parte baja del intestino, particularmente en los mayores de 45 años. La sangre fresca por encima de las heces puede ser causada por hemorroides o por un problema en el recto, como un cáncer.

El médico examina al paciente en busca de indicios que lo conduzcan al origen de la hemorragia. Por ejemplo, durante una exploración del recto se buscan hemorroides, grietas en el recto (fisuras) y tumores. Posteriormente se eligen las pruebas si se sospecha que la hemorragia procede de la parte alta del tubo digestivo (esófago, estómago y duodeno) o de la parte baja (porción inferior del intestino delgado, intestino grueso, recto y ano).

La sospecha de problemas en la parte alta del tracto gastrointestinal se investiga generalmente primero introduciendo una sonda por la nariz hasta el estómago y extrayendo líquido. El líquido gástrico que se asemeja al poso de café es ocasionado por la digestión parcial de la sangre, lo que indica que la hemorragia es escasa o que se ha detenido. La sangre roja y brillante indica una hemorragia activa y vigorosa. A continuación, el médico utiliza un endoscopio flexible (un tubo de visualización) para examinar el esófago, el estómago y el duodeno en busca de la causa de la hemorragia. Si no se encuentra una gastritis o una úlcera en el estómago o en el duodeno, se puede realizar una biopsia (obtención de una muestra de tejido para su examen al microscopio). Ésta puede determinar si la hemorragia es consecuencia de una infección por Helicobacter pylori. Si es así, se instaura un tratamiento con antibióticos y habitualmente la infección se cura.

En la parte baja del tracto gastrointestinal se buscan pólipos y cánceres mediante radiografías, tras la administración de una enema de bario, o bien utilizando un endoscopio. El médico puede observar directamente la porción inferior del intestino con un anoscopio, un sigmoidoscopio flexible o un colonoscopio.

Si estas investigaciones no aclaran el origen de la hemorragia, se puede realizar una angiografía (radiografías tras la inyección de una sustancia radiopaca) o una gammagrafía tras la inyección de glóbulos rojos marcados con una sustancia radiactiva. Estas técnicas son especialmente útiles para desvelar si el origen de la hemorragia es consecuencia de una malformación de los vasos sanguíneos.

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